Covid 20 - un blog de Francesco De Meo

Covid 20 - un blog de Francesco De Meo

La Covid-19 es una enfermedad de origen vírico que pueden contraer las personas. Covid-20 es como yo llamo a una enfermedad social originada por la presencia de la Covid-19. La Covid-20 es omnipresente. La gente está pendiente de las cifras de contagios como antes lo estaban del pronóstico del tiempo. Y tienen miedo.

Más equilibrio al analizar la COVID-19 y la COVID-20 (22/10/2020)

Un mayor nivel de reflexión y debate contribuyen a lidiar mejor con la pandemia de coronavirus y sus consecuencias. Mi blog estaba destinado a realizar un aporte en esta dirección y el hecho de que haya desatado intercambios tan intensos y controversias es algo que me alegra y por lo que les agradezco. Sus reacciones me brindan confianza. Muchos coincidieron en que se decían cosas que pocos se atreven a decir en estos días. Para algunos, algo negativo porque el blog obliga a reflexionar, en lugar de, como se dijo, «anunciar» que todo tenía sentido como se estaba haciendo y que debían seguirse respetando las directivas que venían de arriba. Cualquiera puede verlo de este modo, si, por otra parte, se teme la irrupción de un brote sin control, como sucedió en otros países con grados de sufrimiento indescriptibles para las personas.

Sin embargo, se debe permitir la existencia de estímulos para reflexionar y debatir.

Otros aseguraron en los comentarios estar convencidos de la idea de la inmunidad de rebaño, apoyándose en declaraciones correspondientes, así como, por ejemplo, una presunta eficacia en Suecia. Personalmente, me parece peligroso, este concepto no funciona en amplios colectivos de población o al menos no sin rechazos sociales y éticos masivos que podrían exceder el fenómeno de la COVID-20 que expuse.

En principio, las guías de orientación de la AHA me parecen muy útiles. Solo me molesta una cosa: lo lógico que se ha vuelto que un número de positivos por coronavirus en relación con la población determine de forma automática si se pueden tomar medidas respectivamente para limitar la libertad de movimiento y cualquier tipo de contacto social, cuándo pueden tomarse y con qué rigor pueden actuar diversos niveles ejecutivos. Es posible que esto tenga sentido si se piensa que, de este modo, podría exterminarse por completo el virus. No obstante, desde mi punto de vista, es algo más que improbable. Posiblemente, también tendría sentido si se presumiera que en poco tiempo dispondremos de una vacuna 100 % efectiva que cambiará todo y que se debe mantener un nivel bajo de infectados hasta que la vacuna esté disponible. Esto tampoco parece razonable ni totalmente seguro. De acuerdo con la opinión predominante, sucederá lo mismo que con todos los otros virus que generan una infección respiratoria aguda grave (severe acute respiratory infection, SARI): no desaparecen tan solo con vacunas, sino que se protege a los vacunados de una manifestación grave de la enfermedad. A esto se suma que, lamentablemente, los virus han demostrado ser muy flexibles y dinámicos, por lo que, entretanto, podemos presumir que no hay solo una variante de la COVID-19, sino que, con el transcurso del tiempo, aparecerán otras con ligeras mutaciones, lo que disminuirá aún más la eficacia de las vacunas.

Entonces, tal como pido explícitamente en el blog, volvamos a la pregunta inicial que, según entiendo, ha llevado a todos a actuar.

En un principio, el objetivo no era «vencer» al virus de manera definitiva y permanente. Se buscaba constantemente que fallezca el menor número de personas posible por la infección respiratoria grave (COVID-19 SARI) que puede ocasionar el virus y que el sistema sanitario no colapse o deba rendirse ante la cantidad de personas con coronavirus. No obstante, desde algún tiempo, casi no se habla de esto. Nos hemos preguntado cómo se han representado estos dos aspectos durante la primera ola de COVID-19 en los hospitales alemanes. ¿Había más o menos pacientes por infecciones respiratorias graves que en el mismo período de 2019 (cuando todavía no existía la COVID-19)? ¿Y cuántas personas fallecieron por estas infecciones? ¿Qué números otorga la comparación de este parámetro con las cifras de 2019?

El estudio fue realizado por IQM, una iniciativa de calidad de utilidad pública de hospitales alemanes. En el estudio participaron 421 hospitales con un nivel de representación más o menos equivalente de hospitales públicos, universitarios, eclesiásticos/de beneficencia y privados. El estudio incluye alrededor de 2,8 millones de casos hospitalarios, es decir, aproximadamente, un cuarto de todos los pacientes hospitalizados durante el cuestionable período comprendido entre marzo y agosto de 2020. El número de infectados con coronavirus considerado en el análisis de este estudio incluyó no solo a aquellas personas efectivamente diagnosticadas con COVID a partir de un test positivo, sino (también) a todas las personas que (simplemente) se sospechaba que habían contraído la infección en función de los protocolos de la COVID.

Este estudio proporciona tres datos fundamentales para el caso alemán:

  1. En 2020, hubo menos casos de personas con infecciones respiratorias graves que en 2019.
  2. En 2020, el nivel de ocupación de las UCI fue menor e, incluso, en total, menos pacientes que en 2019 necesitaron respiración artificial.
  3. La cantidad de supuestos casos de COVID fue 3 veces mayor que los casos de COVID confirmados. En otras palabras: solo una cuarta parte de todos los tratados con sospecha de infección por Covid demostraron ser positivos para Covid.
  4. El 22,9 % de los pacientes hospitalizados por infecciones respiratorias graves a causa de la COVID fallecieron, mientras que el índice de fallecimientos por infecciones respiratorias graves sin COVID fue del 12,4 %.

El alto coeficiente de mortalidad de las infecciones respiratorias graves a causa de la COVID-19 demuestra lo peligrosa que es esta enfermedad, sobre todo, para las personas mayores. Sin embargo, los datos de la incidencia deben desconcertarnos, tanto en comparación con el año anterior, como con el hecho de que los casos sospechosos superen en gran medida el número de casos confirmados. Si miramos hacia atrás, esta información podría hacernos juzgar las acciones del mundo de la política y de los gobiernos como exageradamente cautelosas o impulsadas demasiado por el miedo. Desde mi perspectiva, no sería totalmente justo verlo de este modo, dado que no se contemplaría en qué condiciones y con qué incertidumbres se debieron tomar las decisiones durante las primeras semanas.

Sin embargo, los hechos demostrados por el estudio indican que la COVID-19 en Alemania no ha generado más pacientes con infecciones respiratorias graves, así como tampoco más pacientes en las UCI o con necesidad de respiración artificial. En general, el sistema sanitario alemán no ha sido exigido en mayor medida que durante el año anterior con una ola de gripe «convencional». También es un hecho que no hemos tomado medidas de protección distintas a las de los países a nuestro alrededor que, no obstante, en comparación, han tenido muchísimos casos de personas con COVID y fallecimientos derivados de la enfermedad.

Las especulaciones sobre los motivos pueden ser de lo más diversas. ¿Por la disciplina con la que se cumplieron las medidas de protección? ¿Por la existencia de otro virus (más débil)? ¿Por la suerte de que, a diferencia, por ejemplo, de los españoles en Madrid, no hubo actos multitudinarios precisamente en el momento en el que virus aún podía propagarse sin que lo sepamos? El carnaval en Alemania ya se había festejado y las Pascuas llegaron después, cuando ya estábamos confinados. ¿Posiblemente por una mezcla de todos estos factores? Seguro que en algún momento habrá estudios también que brinden datos al respecto.

Pero a mí me interesa otra cosa, me interesan los aprendizajes para el futuro que ahora podemos obtener a partir del conocimiento de la primera ola de COVID-19 en hospitales alemanes.

En primer lugar, deberíamos reflexionar de nuevo acerca de la pregunta inicial. En base a la experiencia, podemos enfrentar los próximos meses del coronavirus con algo más de confianza. El sistema sanitario alemán está en condiciones de resistir frente a la COVID-19 en mucha mayor medida que lo que se creía en marzo. Por ello, no hay motivos para volver a cerrar el sistema sanitario para otros pacientes, como se hizo de marzo a junio de 2020, y postergar sus tratamientos. Sin dudas, una buena noticia para todos.

Ahora deberíamos reflexionar con urgencia acerca de si la mirada exclusiva hacia el desarrollo de la infección resulta aún conveniente y puede fundamentarse en función de los conocimientos obtenidos a partir de la primera ola de COVID-19. Personalmente, creo que debemos ampliar el análisis a cuántas personas infectadas se enferman y cuántas de estas últimas, a fin de cuentas, deben ser tratadas en los hospitales. Los datos a este fin están disponibles. Para todo el territorio alemán. En la información de rutina de los hospitales, a partir de la cual pudimos llevar a cabo también los análisis de los datos para nuestro estudio con un simple algoritmo. Los resultados se presentaron también al Ministerio de Sanidad de Alemania y esperamos que, en el futuro, se opte por un mayor equilibrio en la argumentación y las medidas.

Por último, espero que la reflexión acerca de lo mencionado previamente, en última instancia, ayude a que salgamos de la espiral de temor y obstinación que se percibe en estos días. Porque, al fin y al cabo, se trata de conclusiones muy positivas derivadas de los resultados de nuestro estudio y que pueden contribuir a que la población gane más confianza en la política y las futuras medidas del gobierno al no solo tener en cuenta el número de infectados para tomar decisiones, sino también optar de forma permanente por un enfoque transparente de la relevancia clínica de este número de infectados.

De este modo, las disposiciones relativas al coronavirus ya no se deberían cumplir simplemente «por su anuncio», sino que podrían comprenderse a partir de explicaciones más claras. Dejar de exponer a la infección como la «verdadera» enfermedad, y hacer referencia de forma transparente a las dos preguntas iniciales para saber cómo actuar. En general, una «vigilancia equilibrada» de esta manera permitiría una matización más diferenciada de las medidas. No estoy sugiriendo que tomemos distancia en general de las recomendaciones básicas de las guías de la AHA. Pero se podría adoptar un enfoque menos apodíctico en (la amenaza de) posteriores intervenciones a la libertad de movimiento de las personas y su vida privada en el círculo familiar y de amistades. En el futuro, las medidas se agravarían (únicamente) no solo con el aumento de la cantidad de infectados, sino también a partir de casos de infecciones respiratorias graves observados semanalmente que demuestren una ola relevante desde el punto de vista clínico como resultado de infecciones de esta índole a causa de la COVID. Incluso en este caso, tal como muestran los datos del estudio también, hay suficiente tiempo para actuar de manera centrada y garantizar el alcance de ambos objetivos: la menor cantidad de fallecimientos y evitar el colapso del sistema sanitario.

Por eso me atengo a ella: la tolerancia, la evidencia y la transparencia pueden ayudarnos a quitarnos parte del miedo a Covid-20, y al mismo tiempo nos ayudan a vivir mejor la responsabilidad que tenemos unos con otros.

Artículo del blog (13/10/2020)

Los síntomas de una sociedad infectada por la Covid-20: ya no podemos movernos libremente, ni hacer planes a largo plazo. Nuestra vida diaria, tanto laboral como familiar, está condicionada –a pesar de la falta de datos empíricos– por fuerzas externas como los parámetros aparentemente arbitrarios de una evolución incierta de la enfermedad. 

Desde que la evolución semanal de la pandemia se convirtió en el centro de la vida social y política, la Covid-20 ha contribuido al desarrollo de una sociedad regulada por decretos. Todo se rige por actos de gobierno de los distintos niveles regionales o locales, basados en leyes de delegación sin ningún control parlamentario adicional. Debido a los constantes cambios en las medidas ejecutivas, la protección jurídica frente a los actos de gobierno se reduce a una cobertura provisional que pocas personas pueden permitirse, y que en cualquier momento puede ser anulada por nuevas disposiciones. La Covid-20 es un suelo fértil para el populismo y la estigmatización de aquellos que piensan distinto. La Covid-19 pone en peligro principios fundamentales de nuestro hasta ahora libre estilo de vida occidental. La Covid-20 puede destruir más economías individuales que personas han muerto de Covid-19, la causa original de la situación. La Covid-20 es una sociedad en la que un virus determina quién puede hacer qué cosas, y cuándo puede hacerlas.

Dr. Francesco De Meo
Dr. Francesco De Meo; Miembro del Consejo de Administración de Fresenius responsable del segmento de negocios Fresenius Helios

En Semana Santa bautizamos a nuestro bebé. En una iglesia con aforo para 500 personas, solo se admitían diez invitados y diez asistentes a la misa de Pascua de la parroquia. El párroco dio su sermón con mascarilla desde un púlpito situado a doce metros de la pila bautismal, y la duración de la misa se limitó a 25 minutos. El bautismo lo hicimos nosotros mismos con los padrinos en la pila. El cura nos dijo que tenía la misma validez ante Dios, que lo importante es recitar la oración mientras el agua cae sobre la cabeza del bebé.

Estaba en el bosque cuando me encontré con mi vecina, una jubilada de 70 años. Me contó que su paseo diario se ha visto dificultado por la mascarilla. Después se encontró en el autobús con una vieja amiga a la que hacía tiempo que no veía, y se sentaron juntas. Se quitaron las mascarillas para poder respirar y charlar sobre sus nietos; los de mi vecina no habían ido a visitarla ni cuando cumplió 70 años. En la escuela, los profesores nos han recomendado que los niños escriban cartas a sus abuelos para mantener el contacto. También se canceló el intercambio con la ciudad hermanada de Francia, que se quedó en un intercambio de cartas. Para muchos niños escribir cartas es cansado, así que utilizan móviles y tabletas. Los encuentros digitales, inicialmente emocionantes, se acaban volviendo monótonos: falta el contacto real, la experiencia compartida, la simple cercanía.

Ahora, en otoño, vuelvo a visitar nuestras clínicas en España. De camino al aeropuerto de Frankfurt, el taxista me explica que ya no puede llevar mascarilla durante el trayecto. «Nuevas órdenes de arriba», me dice, «por los radares de velocidad». Me cuenta que muchos compañeros suyos se han librado de multas en las últimas semanas porque las mascarillas hacían que la foto del radar fuese inservible.

En el vuelo, solo está cubierto un tercio de las plazas. Cada persona tiene su propia fila, y entre los asientos reservados hay tres filas libres. Debido a la obligatoriedad de la mascarilla, algunas personas se han aprovisionado de bolsas llenas de comida y bebidas, y comen o beben durante todo el vuelo para no tener que subirse la mascarilla. La azafata se alegra de poder volar de nuevo; tenía miedo de perder su trabajo.

En España, el proceso es más largo. Hay menos de una décima parte de los pasajeros habituales, pero cada uno debe rellenar un formulario de dos páginas con declaraciones sanitarias y datos para el seguimiento individual. A las personas que no lo han rellenado en línea les espera una larga cola hasta poder entregarlo; sus datos son introducidos en el ordenar y escaneados por cuatro empleados del Ministerio de Sanidad. «Esto yo ya lo he vivido», dice a su nieta la señor que está delante de mí. «En la República Democrática Alemana también era así», añade. Las dos se abrazan.

Me pregunto qué será de nuestros hijos si la Covid-20 continúa demasiado tiempo. Y qué será de los abuelos, de mi vecina, del taxista, de la azafata. Me pregunto qué será de todos nosotros con la Covid-20. Recuerdo que, cuando era joven, en las manifestaciones estaba prohibido ir encapuchado: quien quería decir algo, tenía que mostrar su rostro. Ahora está prohibido ir con la cara descubierta. Me reconcome la pregunta de cómo superará nuestra sociedad la Covid-20.

En España ha habido muchos casos de Covid-19. Hablo con mis compañeros de la prueba PCR para el viaje de retorno. Ellos me hablan de sus tests de anticuerpos. Muchos de ellos vivieron la Covid-19 en sus propias carnes en abril. A España llegó todo antes, y con mayor intensidad. Pero los compañeros españoles lo superaron bien. Ahora les preocupa más la Covid-20. España parece haber quedado agotada de unas duras medidas que no sirven realmente para vencer a la Covid-19, pero que hacen que la Covid-20 se extienda cada vez más. El conductor de autobús lleva mascarilla, al igual que su mujer, a la que lleva de copiloto desde hace algunas semanas. No hay turismo, así que se ha quedado en paro. Así no tiene que pasar el día sola en casa, y él tiene alguien con el que poder hablar sin mascarilla durante los descansos. Ahora mismo tienen claro que lo importante es que los autobuses sigan circulando. Los callejones del casco histórico de Palma están vacíos. En un semáforo en rojo, el conductor baja la ventanilla. Al lado, un compañero con el que hace tiempo que no se encuentra. Hablan de ventanilla a ventanilla, como en los viejos tiempos, sin mascarillas. A pesar de todo, todavía hay algo de normalidad. Aunque sea de la nueva.

¡Tenemos la Covid-19 dominada! Gracias a aquello que distingue a Fresenius: sensatez, constancia, profesionalidad. Porque todos hemos abordado el trabajo llenos de motivación. Porque hemos resuelto problemas. Porque hemos hecho lo que había que hacer sin dudas ni miedo. Y eso es mérito exclusivo de nuestras compañeras y compañeros, tanto en Alemania como en España y América Latina. El equipo de España incluso ha hecho un vídeo titulado «El Destino». Se trata de una alusión a la llamada ineludible que, en lo que respecta a nuestra profesión, puede llamarse simplemente vocación. ¡La vocación de estar ahí para las personas en la enfermedad!

El Destino

En las clínicas alemanas, la Covid-19 se ha dejado sentir, pero nunca ha llegado a tener la envergadura para representar una amenaza para el sistema sanitario. En España la situación ha sido más crítica, con diez veces más casos de Covid-19 en nuestras clínicas, que han ocupado un cuarto de las camas y un tercio de las unidades intensivas. Todo el personal se ha hecho cargo con decisión de aquellas personas enfermas cuyo cuidado les fue encomendado: «El Destino». Han combatido la Covid-19 con fuerza y valor, trabajando para nuestros pacientes con sensatez y persistencia, siendo un ejemplo de profesionalidad. A todos los que corresponda, en Alemania, España y América Latina: ¡Todo mi reconocimiento y agradecimiento!

Y sin embargo, aparentemente no se ha logrado gran cosa. La Covid-19 no ha desaparecido. Y además, la Covid-20 se ha apoderado de la sociedad. ¿Qué podemos hacer contra la Covid-20, especialmente en un momento en el que también la Covid-19 se quiere volver a apoderar de nosotros? Podemos hacer una gran aportación a la lucha contra la Covid-20. Cada uno de nosotros, cada día, en nuestras clínicas, consultorios, gestiones y actuaciones. Podemos volver a lo que preocupa a la gente: el miedo a la Covid-19 y lo que esto significa para todos. La Covid-20 ha hecho que la gente esté cada vez más enfadada, y una gran parte de la sociedad tiene más miedo de la Covid-20 que de la enfermedad original. No solo se trata de los «daños colaterales» que mi compañero Stephan Sturm ya ha señalado. Se trata de mucho más que eso. Se trata de cómo queremos, podemos y se nos permite convivir con un virus, hoy y en el futuro. Se trata de nuestra responsabilidad social personal y de nuestra contribución como empresa.

Ante la Covid-20 no debemos quedarnos parados, sino seguir nuestra vocación. A través de la evidencia médica y la auténtica transparencia, podemos ofrecer seguridad al público y poner freno a sus miedos indefinidos. Podemos servir de orientación al público. Muchos nos escuchan a nosotros y a ustedes cuando dan consejos sobre la prevención y el tratamiento de enfermedades y, en concreto, de la Covid-19. Esto se aplica a nuestros pacientes y sus familiares, pero también a las instituciones y a los cargos políticos. En la actualidad, en nuestras clínicas hay menos de 100 pacientes ingresados con Covid. En España y América Latina, apenas son 1000. Es decir, no hay motivo de preocupación para la empresa, pero tampoco para la sociedad. Al contrario: hemos demostrado nuestra eficacia durante la crisis de coronavirus. Somos capaces de manejar la enfermedad. Como personas y como empresa, sabemos mucho más que antes de la Covid-19, y estamos mejor preparados que nunca. Y, entretanto, de los datos de los seis últimos meses podemos deducir qué supone realmente la Covid-19 para las personas y para los sistemas de salud desde el punto de vista médico. En Alemania, las pruebas sobre la evolución de la Covid-19 se basan en datos de tres millones de pacientes. Vamos a hacer públicos esos datos. Este es un primer paso de gran importancia para lograr la transparencia y que las actuaciones políticas, sociales e institucionales se basen en los datos. Como empresa, procederemos de forma responsable, sensata, constante y profesional. Pero no daremos tregua a la Covid-20. Al igual que con la Covid-19, en el debate sobre la Covid-20 también es importante poner el foco en los datos. Lejos de opiniones personales, lejos del populismo o el protagonismo, hacia un planteamiento más reflexivo, no centrado exclusivamente en las cifras de contagios, sino en la cuestión de las repercusiones. En la medida en que las cifras de contagios no superen las dimensiones de una ola de gripe normal, la Covid-20 no es necesaria.

Los datos muestran que en los últimos meses hemos actuado con demasiado miedo. Es comprensible, ya que inicialmente la información era escasa y estaban en duda la seguridad de las personas y el funcionamiento de los sistemas sanitarios. Pero ahora tenemos más datos, por eso necesitamos cambiar de rumbo rápidamente. Para que no resulte que la Covid-19 sean manejable, pero la Covid-20 destruya nuestra sociedad y nuestra idea de qué es vivir en una sociedad libre. Las terapias básicas contra la Covid-20 son: tolerancia, datos y transparencia. Ayudan a combatir los prejuicios, el populismo y el pánico social. Debemos buscar que el diálogo social sea transparente y se fundamente en pruebas. Hasta ahora, este no ha sido el caso con la Covid-20. Los datos y la transparencia también son la mejor terapia en la lucha contra el narcisismo, el populismo y los prejuicios. Al principio, los datos sobre la Covid-19 eran escasos. Se denominaba estudios a investigaciones cuya calidad les confería un carácter más bien anecdótico. La situación ha cambiado desde entonces. Y, como empresa, hemos contribuido significativamente a este cambio, con la publicación de datos que engloban a grandes grupos de pacientes. Este debe ser un motivo de especial orgullo. Incluso cuando el resultado no le guste a todo el mundo en los ámbitos de la política, las instituciones y los negocios, ya que estos resultados hacen cuestionar, como no podría ser de otro modo, algunas decisiones. No se trata de hacer reproches a toro pasado. Cualquiera puede concluir que algunas decisiones se tomaron de forma apresurada y, dada la falta de datos, no siempre fueron acertadas. Pero esperamos que haya una reflexión que lleve a corregir esta situación en el futuro. Para que la Covid-20 desaparezca.